En el México de fines del siglo veinte puede verse una arrogante clase política autoproclamada heredera de la revolución, abanderados de las causas populares, apasionados defensores de nuestra soberanía. Nada más falso. Los gobernantes que llegaron al poder hicieron lo mismo que el dictador al que derrocaron: saquearon este país. Hoy, casi cien años después de haberse iniciado la revolución, los mexicanos podemos ver en el paisaje social oprimidos, terratenientes, y hasta hace no mucho, dictadores. Esto como resultado de un movimiento asaltado por la ambición desmedida de quienes han estado en el poder. Al mismo tiempo, una clase campesina abandona las tierras para irse a las ciudades o incluso al país del norte a vender su fuerza de trabajo, el paisaje rural se va transformando en urbano, hay una clase media que va creciendo1 y simultáneamente, una enorme cantidad de mexicanos en condiciones de pobreza extrema. En esta dinámica social también pueden verse serias inconformidades y reclamos de justicia y democracia, principalmente en los estratos medio y bajo. En algunas ocasiones, los reclamos sociales se han hecho mediante votaciones copiosas, como las elecciones federales del 88, cuando la caída del sistema resolvió el triunfo de Carlos Salinas de Gortari. Existen también organizaciones sociales para defender y reclamar intereses comunes. Las protestas efectuadas en forma pacífica por los cauces legales como manifestaciones, agrupaciones, litigios, han tenido por respuesta la indiferencia, elecciones amañadas, la descalificación del reclamo -muchas veces en contubernio con la prensa- alegando que proviene de un sector minoritario. Esos fueron algunos de los mecanismos simples con los que respondieron los gobernantes, cuando no, la represión y el crimen como la matanza de estudiantes el dos de octubre del 68, la del diez de junio del 71, detenciones ilegales, tortura y desapariciones forzadas. En noviembre de 2001, la Comisión Nacional de Derechos Humanos emitió la recomendación 026/2001 basada en la desaparición forzada de 532 personas. Todo esto ocurre en un país cuyo gobierno ha tenido importantes gestos diplomáticos en el ámbito internacional como ser el único en Latinoamérica que reconoció la revolución cubana en 1959, apoyar la revolución sandinista desconociendo el gobierno de Somoza en el 79, o el reconocimiento a la guerrilla salvadoreña en 1981. México además fue un país de asilo para los republicanos que huyeron de España después de la guerra civil de los años treinta y para los chilenos perseguidos después del golpe de estado en el 73. En 1992, la guerrilla y el gobierno salvadoreño reconocieron la importancia de la mediación de México y eligieron el castillo de Chapultepec para firmar la paz que ponía fin a una guerra civil de muchos años.
En todo el país, sin embargo, la insatisfacción de las demandas y la falta de espacios democráticos, ha sido el caldo de cultivo de grupos clandestinos que optan por la vía de la insurgencia y las armas, a lo que los gobernantes han respondido con desapariciones, asesinatos y torturas. Uno de los primeros levantamientos armados de los que se tiene noticia en el México posterior a la revolución es el que encabezó en los años cincuenta el líder campesino y revolucionario zapatista, Rubén Jaramillo, como resultado de la radicalización de la lucha cañera en Morelos. Jaramillo depuso las armas, fue indultado y recibido en los Pinos por el presidente López Mateos. Unos años después, el 23 de mayo de 1962, fue asesinado junto con su esposa Epifania y tres de sus hijos en Xochicalco, Morelos. Más tarde, en 1965, un grupo guerrillero intentó tomar el cuartel militar de Ciudad Madera, Chihuahua en una acción suicida. Los inexpertos guerrilleros contaban con algunas granadas, bombas molotov, carabinas, rifles 7 milímetros y rifles calibre .22. Los soldados en cambio, portaban ametralladoras y fusiles M-1. El asalto fue encabezado por Arturo Gámiz, profesor rural, líder de la Unión General de Obreros y Campesinos, quien murió con sus compañeros durante el enfrentamiento. Los otros rebeldes caídos fueron: Pablo Gómez Ramírez, médico y profesor; Emilio Gámiz García, estudiante y hermano de Arturo; Antonio Scobell, campesino; Oscar Sandoval Salinas, estudiante de la escuela normal del estado; Miguel Quiñones, profesor rural en Arisiáchi; Rafael Hernández Valdivia, profesor rural en Basúchil, y Salomón Gaytán, campesino de Dolores, Madera. Posteriormente, a principios de la década de los setenta, uno de los principales grupos rebeldes se hizo llamar Liga Comunista 23 de septiembre, en recuerdo de la fecha del frustrado golpe. Fue en esos años, durante el sexenio de Luis Echeverría, cuando el gobierno mexicano lejos de entender los movimientos guerrilleros como procesos sociales, libró una guerra secreta con el fin de aniquilar las organizaciones clandestinas de la época. Así, Lucio Cabañas, dirigente del Partido de los Pobres, murió el 2 de diciembre de 1974 en una emboscada que le tendieron unos militares en El Ototal, un poblado de la sierra de Guerrero. La Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR), fue combatida mediante encarcelamientos y desapariciones. Su líder, Genaro Vázquez, murió junto con sus acompañantes el 2 de febrero de 1972 en un accidente de carretera, cerca de Morelia. Aunque ellos fueron los principales hubo desde luego muchos otros: el Frente Urbano Zapatista (FUZ), el Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR), que recibió entrenamiento en Corea; los Comandos Armados del Pueblo (CAP), las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (FRAP), este grupo fue responsable del secuestro del cónsul estadounidense Leonhardy en mayo de 1973 y del secuestro de José Guadalupe Zuno, suegro del presidente Echeverría; la Liga Armada Comunista (LAC). Mención aparte merece el grupo Fuerzas de Liberación Nacional 2por ser el embrión de lo que hoy se conoce como Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), FLN se fundó el 6 de agosto de 1969 en Monterrey con nueve miembros iniciales, algunos de los cuales habían formado parte de una organización clandestina conocida como Ejército Insurgente Mexicano (EIM). Flavio César Yáñez Muñoz, alias “El hermano Pedro” o “Manuel” fue elegido máximo líder del movimiento y él a su vez, designó como segundo responsable nacional a Alfredo Zárate Mota, alias “Salvador” o “Santiago”3. Las FLN sufrieron un duro golpe cuando el 14 de febrero de 1974 fue atacada una casa de seguridad que los guerrilleros tenían en Nepantla, estado de México. En el operativo murieron importantes cabezas de la organización, entre los que se encontraban Alfredo Zárate, Mario Sánchez Acosta, “Manolo” y Dení Prieto4, “María Luisa”; responsable de la red urbana de las FLN en el estado de México, tenía 19 años. Entre los detenidos se encontraba Gloria Benavides, “Ana”, esposa de “Manolo”. Actualmente ella milita en el EZLN como la subcomandante Elisa.
Con su voz, y también con su sangre, los mexicanos de fin de siglo han obtenido espacios democráticos que tenían que haber existido al final de la revolución. Sin embargo, este país todavía tiene carencias elementales de justicia.
La verdad, la primera víctima
Para el gobierno de un país lejano a la democracia por decir lo menos, la verdad se vuelve no solamente innecesaria, sino además inconveniente. Por eso, los políticos mexicanos siempre han contado con medios de comunicación dispuestos a escuchar el dictado del poder. Algunos otros en cambio, fueron atacados por negarse al silencio o a ser cómplices del gobierno, como en 1976, cuando el entonces presidente Luis Echeverría orquestó la salida del director de Excélsior. En solidaridad con el destituido Julio Scherer, importantes colaboradores del periódico renunciaron y fundaron la revista Proceso pocos meses después, en noviembre de 1976. También solidarios con Scherer, renunciaron quienes trabajaban en la revista Plural, entonces dirigida por Octavio Paz. Ellos fundaron la revista Vuelta, ambas revistas fueron imprescindibles en la cultura mexicana al final del siglo veinte. Con el tiempo han ido surgiendo otras publicaciones que realizan una encomiable labor periodística y actualmente, gracias a la lucha de periodistas verdaderos, en México existen espacios de opinión absolutamente honestos incluso en la televisión, muchos años controlada por el gobierno. La mentira sin embargo, es posible.
En el proceso de revisar la historia de México en el período de los años setenta o antes, casi todas las fuentes periodísticas son poco confiables. Muchos medios informativos trabajaban para el gobierno. Otros, se autocensuraban, pensando siempre en no causar la ira del gigante. En ese entonces, la televisión era el medio con mayor penetración de la época y solamente existía un noticiario, 24 horas con el licenciado Jacobo Zabludovsky. Más allá del control que el gobierno siempre tuvo sobre este medio, Zabludovsky era un fiel colaborador del presidente en turno. Hoy resulta impensable que el titular de un noticiario se refiera a un acontecimiento como el del dos de octubre del 68 minimizándolo en términos de un zafarrancho con algunos heridos. Treinta años después, en 1998, Zabludovsky declaró al periódico La Jornada: Nunca creí que hubiera conjura comunista en 68. Mencionó también que Díaz Ordaz le llamó personalmente para reclamarle el haber utilizado una corbata negra5 en la emisión del día anterior. Posiblemente Zabludovsky sí fue presionado por el poder, pero durante más de dos décadas poco o nada hizo por sacudirse la presión y ejercer un mejor periodismo. Zabludovsky salió del aire en enero de 1998, cuando no tuvo cabida en un país con una democracia incipiente.
Aunque los noticiarios en la radio no eran tan frecuentes, en Puebla Enrique Montero Ponce y su noticiario Tribuna han sido un buen ejemplo de lo que es un medio al servicio del gobierno. Soldado del entonces partido oficial y muchas veces autoproclamado mártir de la libertad de prensa, Mentiras Ponce como le hemos llamado los poblanos, ha sobrevivido a los embates de la democracia afianzado en un auditorio cada vez más reducido. Durante los años ochenta, El Sol de Puebla fue otro buen ejemplo de un medio servil. Las tumultuosas manifestaciones por las elecciones fraudulentas del 83, en las que Guillermo Jiménez Morales impuso a Jorge Murad como presidente municipal de Puebla, fueron reportadas por este periódico como la inconformidad de un grupo minoritario. Murad murió poco antes de terminar su trienio, víctima de un conductor imprudente. Recientemente, Montero Ponce se negó a difundir como parte de la propaganda del partido acción nacional, un spot con la conversación entre Mario Marín, y Kamel Nacif en la que el gober precioso (así lo llamaba Kamel) alardeaba del coscorrón que le dio a Lydia Cacho. Lydia fue detenida en Cancún y llevada a Puebla acusada del delito de difamación. Montero argumentó que no pasaba la grabación por ética. No pensó que era mejor difundirla y que el elector castigara con su voto a los mentirosos o a los cínicos.
El levantamiento zapatista de 1994
Hasta antes de 1990, cada presidente escogía a su sucesor mediante un ritual que consistía en hacerlo candidato del partido oficial, obtener el apoyo de las bases, realizar una campaña por todo el país y hacerlo ganar, por abrumadora mayoría, unas elecciones en las que los votos no se contaban. Este procedimiento tenía varias escalas según se tratara de gobernador, alcalde, diputado o senador y en el que el presidente de la república tenía un poder absoluto. Además, la obediencia que los militantes del partido oficial le tenían al primer mandatario, en buena medida contribuyeron a que no hubiera golpes de estado en los años que prevaleció esta forma de gobierno. Solamente en el 76, en un momento en el que países sudamericanos padecían las dictaduras militares, al final del sexenio de Luis Echeverría, hubo fuertes rumores de un golpe de estado en México. También se sabe que Echeverría llegó a pensar en una reelección6. Nada de eso ocurrió.
En esa época en Puebla, los estudiantes de todos los niveles preuniversitarios, eran acarreados a manifestar su apoyo a cualquier candidato del partido oficial que pasara por la región. Lectores de una historia que culminaba en un país que se destacaba en el mundo por su paz social después de una revolución a principios de siglo, participantes emocionados de ceremonias en las que se honraba a los héroes que nos dieron eso precisamente, patria y libertad, deportistas en un país que siempre ocupaba los últimos lugares en competencias internacionales, la juventud estudiosa como se le llamaba en esas ceremonias solares, creció en el reino del engaño y del aburrimiento. La educación también fue víctima de la mentira. Al mismo tiempo que un candidato pasaba dando la mano a los estudiantes y a los padres de familia, interesado en conocer de cerca la problemática de la región, había gente encarcelada injustamente, en el mejor de los casos, porque también había muertos, torturados y desaparecidos. En ese entonces, Amnistía Internacional informaba que desde 1968, en México habían desaparecido más de 300 personas después de haber sido detenidas por fuerzas de seguridad7. Actualmente, la página web del comité Eureka cuenta 557 desaparecidos. En febrero de 2004, la detención de Miguel Nazar Haro hizo renacer la esperanza de conocer el destino de más de 400 desaparecidos.
Fue a partir de la desaparición de Jesús Piedra Ibarra que el caso de los desaparecidos cobró relevancia nacional e internacional. Jesús tenía 21 años y pertenecía a la liga comunista 23 de septiembre, fue detenido por elementos de la Policía Judicial del estado de Nuevo León y parece que fue trasladado a las oficinas de la judicial del estado. El 18 de junio de 1975 su familia supo que Jesús se encontraba en el Campo Militar Número Uno. Habría permanecido ahí hasta 1976, año en que habría sido trasladado al penal de Santa Martha Acatitla junto con otros detenidos. Desde el momento de su detención, Rosario Ibarra de Piedra, su madre, lo ha buscado sin descanso, y ese calvario personal la ha convertido en una luchadora social imprescindible en la historia reciente de México. Ella y otros familiares de desaparecidos fundaron en los años setenta el comité Eureka para la defensa de los derechos humanos.
El 1 de enero del 94 aparece en Chiapas el movimiento guerrillero incubado en Chiapas desde los años ochenta. Apenas unas semanas antes, en la segunda quincena de noviembre del 93 había concluido el proceso de ratificación del TLC que entraba en vigor precisamente ese día, con esto se construía la ilusión de los mexicanos de ingresar al primer mundo con Estados Unidos y Canadá. Al mismo tiempo el TLC coronaba el mito de la paz social y le daba a Salinas de Gortari el aura de uno de los líderes más importantes del mundo, quien ya para entonces buscaba la presidencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Muy lejanos se veían aquellos días de la elección presidencial del 88, cuando Salinas de Gortari resultó electo tras una misteriosa caída del sistema. La inconformidad por el resultado de aquellas elecciones convocó a los partidos de oposición a sumarse en cuantiosas manifestaciones que no consiguieron nada. Paradójicamente, fue durante el sexenio de Salinas cuando nació el IFE como resultado de las reformas a la Constitución llevadas a cabo en 1989 y la expedición, al año siguiente, del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE). Ambos acontecimientos dieron lugar a que el 11 de octubre de 1990 se creara el Instituto Federal Electoral, como un organismo ciudadano con la responsabilidad de organizar las elecciones en términos de una competencia democrática. Pero fue precisamente ese día, el 1 de enero del 94, cuando en el sureste del país surge un grupo armado de extracción indígena que toma las poblaciones de San Cristóbal de las Casas, Altamirano, Las Margaritas, Ocosingo, Oxchuc, Huixtan y Chanal. Muy lejanos estaban ya los años ochenta, cuando las guerrillas surgían en Centroamérica y en la televisión podía verse el asesinato del arzobispo de El Salvador, Oscar Arnulfo Romero en 1980; el asesinato de Bill Stewart, reportero de la cadena ABC en Nicaragua en el 79; la propaganda del PRI dando a los gobiernos de la revolución el mérito de la paz social. De muchas maneras el gobierno hizo pensar a la clase media que la violencia de las revoluciones en los países centroamericanos contrastaba con la paz social de México, donde ya habíamos dado ese paso, así que lo mejor era seguir por esa ruta: la revolución. En ese entonces la Unión Soviética era un baluarte del socialismo. Era precisamente en esos años, en el otoño del 83, cuando llegaron a la selva lacandona algunos de los dirigentes más importantes de las FLN para fundar junto con otros rebeldes el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Ellos eran Germán, Rodrigo, Elisa, Marcos, Gabriela, Daniel, Pedro, Lucía, Javier, Eduardo, Manuel y Rodolfo8. Su objetivo era derrocar al gobierno para instaurar en México un gobierno socialista. Todos ellos habían visto la masacre de la plaza de las tres culturas, el triunfo de la revolución sandinista, los triunfos de los partidos socialistas en Europa occidental y sin embargo, cuando el EZLN se levantóen armas la Unión Soviética ya se había descompuesto en países independientes, el muro de Berlín había sido destruido por los ciudadanos alemanes unidos en una sola nación, los países de Europa oriental volteaban la mirada hacia una economía de mercado, y lo más importante, a una democracia por venir. Quedaban Cuba y China como los mayores ejemplos del socialismo.
El alzamiento zapatista desmintió todas las ideas sobre paz y justicia que durante muchos años había sembrado el gobierno mexicano, también representa a un México ancestral que aparece poco antes de iniciar el tercer milenio, cinco minutos antes de que la sociedad con el primer mundo borre la memoria de la represión que dio origen al grupo armado. De clara extracción socialista, la guerrilla aparece en Chiapas pocos años después de que la caída de la Unión Soviética dejara las dictaduras socialistas de Europa abandonadas a la furia de la población que habían reprimido durante tantos años.
En el 94 los mexicanos también vimos por televisión la muerte de un candidato presidencial, casi un presidente. El crimen se atribuyó a un asesino solitario poco antes de que terminara el sexenio de Ernesto Zedillo. Sin embargo, siempre existirá la incertidumbre sobre la identidad del asesino material y posiblemente nunca lleguen a conocerse los verdaderos motivos del magnicidio. Otra vez, la verdad resulta inalcanzable. En 1994, también, el país sufrió los efectos devastadores de la peor devaluación que había tenido en muchos años la moneda nacional y además, un volcán despertó de su letargo. La clase media y las clases más bajas nunca habían padecido como entonces los estragos de una crisis económica. Abundaron la miseria, el desempleo y por lo tanto la delincuencia9. A pesar de todo eso el relevo presidencial ocurrió en forma pacífica. Ante la amenaza de una guerrilla en el sureste, la población votó por Zedillo. Esta vez, con el IFE a cargo del secretario de Gobernación, Jorge Carpizo, los votos sí se contaron.
El 12 de enero de 1994 Salinas ordena unilateralmente alto al fuego. Pocos días después Manuel Camacho se traslada a Chiapas para iniciar el diálogo. Otra situación extemporánea si tenemos en cuenta que en ese momento casi todos los movimientos guerrilleros en el mundo son combatidos. Más aún, los gobernantes anteriores se esforzaron por exterminar los movimientos subversivos en una guerra silenciosa que empezó en los años sesenta, con el asalto al cuartel de Ciudad Madera. El alto al fuego, la ley de amnistía y la apertura al diálogo es el reconocimiento a aquella frase de Marcos: Podrán no estar de acuerdo con nuestros medios, pero nadie puede negar nuestros motivos. Es también el reconocimiento de que una guerrilla no tiene lugar en una democracia, pero en México es el resultado de muchos años de represión, autoritarismo y falta de garantías esenciales de libertad. El levantamiento zapatista del 94 no podía entonces, ser exterminado.
La historia del fin de siglo en México se escribe con muchas voces, casi todas desautorizadas. Otras se han perdido entre los escombros del 85, en un horno de cremación, en una tumba. Tampoco se trata de un momento indivisible, pues ya se ha dicho que diferentes tiempos concurren al final del siglo veinte. Quienes han ganado los espacios democráticos no son los héroes que conocemos en figuras de piedra, son seres de carne y hueso que incluso han radicalizado su lucha para darnos eso precisamente, patria y libertad.
Hay una incongruencia entre la memoria y los hechos, los motivos. La verdad entonces es inalcanzable. No existe un camino para llegar a conocer el presente, las razones y los motivos por los cuales llegamos a este momento histórico. Parece como si en algún momento nuestros países hubieran visto un llamado al que no podían negarse. Posteriormente, igual que Felipe Montero, el personaje de Aura, se descubrieron en una fotografía guardada junto con sus memorias, las mismas que tienen que leer por imposible que resulte su lectura dada la cantidad de fuentes que fueron sus autores.
El mito de la revolución mexicana
Pensando en legitimarse, el gobierno mexicano creó el mito, uno de tantos, de la revolución:
Antes de 1910 había una terrible dictadura, gobernaba un sátrapa llamado Porfirio Díaz quien había entregado este país a las grandes empresas de Inglaterra, Francia y Estados Unidos principalmente. Estuvo en el poder durante más de 30 años, durante los cuales la mayor parte de los mexicanos vivían en condiciones de pobreza extrema. Unas cuantas familias, en cambio, poseían la mayor parte de la riqueza del país. En estas circunstancias, hombres y mujeres ilustres encabezaron la revolución mexicana para terminar con el caos y entonces dar paso al orden.
Una historia de más de setenta años de paz social encontraba su explicación en ese movimiento popular de principios del siglo veinte. Igual que todos los movimientos fundadores de un orden, la revolución tenía sus enemigos, aquellos agentes del caos que amenazaban severamente las instituciones, las conquistas sociales y la soberanía nacional. Difícilmente había una vista hacia el futuro, la renovación era una posibilidad, solamente. Era difícil entonces pensar en un evento revolucionario posterior al de 1910. Por eso ya habíamos pasado por tres momentos fundamentales: la Independencia, la Reforma y la Revolución. Si sumamos el momento de la invasión española y el de la fundación de México, la revolución al principio del siglo veinte era algo así como el amanecer del quinto sol. El mito de la revolución era alimentado y venerado durante innumerables actos oficiales (ritos) en los que lo mismo se celebraba una constitución que ha sido víctima de incontables enmiendas, que un difuso veinte de noviembre como inicio de la gesta revolucionaria10. Por otro lado existían ciudadanos luchando en la clandestinidad buscando terminar con la situación existente para llevar a México a un nuevo orden: el socialismo.
El país funcionaba entonces como un conjunto de órdenes parciales supeditados a un orden monolítico de alcances ilimitados: el presidente de la república. Existían sin embargo algunas otras organizaciones, casi siempre trabajando en la clandestinidad, buscando imponer un nuevo orden, un gobierno socialista. Tampoco puede negarse la presencia de serios opositores al gobierno buscando por los medios legales a su alcance la existencia de tres poderes y de un gobierno democrático. Todos estos mecanismos trabajaban para minar los cimientos de un sistema tan fuerte como antagónico.
El ciudadano mexicano en los años recientes.
En los años recientes el ciudadano común ha manifestado su enérgica demanda de lo que se ha dado en llamar seguridad. Hasta ahora no ha habido gobierno de ningún partido político que haya podido dar a los ciudadanos la garantía de caminar tranquilos por la calle. Peor todavía, ni siquiera han podido separar a los delincuentes de los policías, muchas veces coludidos en asaltos y secuestros. El problema de la inseguridad como se le ha llamado, acusa muchas otras carencias de este país, una de ellas es el derecho al trabajo honesto. Todos los días el ciudadano mexicano ve crecer fortunas de políticos que no quieren ser pobres por no ser pobres políticos11, ve por televisión los privilegios que tienen los grandes narcotraficantes aún estando en la cárcel, ve sus derechos pisoteados por funcionarios de media tabla, que lo mismo se brincan la fila que cierran una calle. En México es muy difícil crear una fortuna por medios honestos, y a pesar de eso, existe un sector de la población, principalmente en los niveles medio y bajo, que se empeña en ganarse la vida honradamente. Todos ellos, al carecer de una cuota de poder como puede ser el narcotráfico, la política, o la corrupción policial, siempre tienen el riesgo de perder su patrimonio el día que los alcance una banda de secuestradores, muchas veces operadas por policias. El 27 de junio de 2004, se realizó en la capital del país una marcha contra la inseguridad. La manifestación, en la que participaron unas 250 mil personas tuvo una tibia respuesta por parte del entonces jefe del gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, quien señaló a la ultraderecha como el origen del evento y se conformó con decir que en el último semestre el índice delictivo fue el más bajo en 10 años. No tuvo entonces, la capacidad de ver que aún la ultraderecha es un componente de la sociedad mexicana y que la seguridad pública y sobre todo, la defensa del trabajo honesto eran sus obligaciones como gobernante.
Hace ya mucho tiempo que no existe el México que veneramos, ese que se enseñaba en los libros de texto, ese que nos obligaba a escuchar de pie el himno nacional. Ese que nos heredaron los héroes con su vida y con su sangre. Ese México nos es arrebatado todos los días con gobernantes retrógadas, líderes sindicales, narcotraficantes, medios de comunicación, empresas transnacionales, ciudadanos abusivos, policias coludidos con la delincuencia. En este México los verdaderos héroes se levantan temprano para ir a trabajar honestamente, son estudiantes que a su vez trabajan para pagar sus estudios, son los adolescentes que dejan de estudiar para poder llevar dinero a la casa, son algunos policias que arriesgan sus vidas enfrentándose a delincuentes que los superan en armamento. Todos ellos enfrentan en este país el costo de tener un medio de vida honesto. La riqueza que ellos puedan generar por estos medios siempre podrá ser arrebatada por una banda de secuestradores. El país en el que vivimos se hace presente en los tacos, en los sombreros de charro, en los escasos goles de una selección gobernada por las televisoras, en las medallas olímpicas que ganan esforzados deportistas, pero hay carencias importantes a la hora de caminar por la banqueta, donde incluso existe el riesgo de ser atropellado por la motocicleta de un repartidor o por un cartero. Quienes actualmente formamos la sociedad mexicana no estamos orientados hacia objetivos y valores que nos consoliden como nación. Somos habitantes de este país, pero estamos muy lejos de ser ciudadanos mexicanos. Existen enormes carencias legales que permiten injusticias tan grandes como el encarcelamiento de Jacinta, la detención de Lydia Cacho, o la matanza de Aguas Blancas por citar solamente algunos. Ya se preparan los festejos por el bicentenario de una precaria independencia y el centenario de una revolución que más bien parece una guerra civil. Simplemente el país cambió de dueños, pero la explotación, la miseria y la dictadura no fueron abolidas.
Con una historia milenaria, perturbada por la invasión española, este país está en la cabeza de Zeus, esperando el hachazo de Hefesto que le haga nacer hecho un adulto como Atenea. ¿Cuál debe ser el hachazo? ¿El 6 de julio del 88? ¿El 1 de enero del 94? ¿Septiembre del 85? Siempre hemos carecido de un estadista capaz de identificar la oportunidad de hacer de México un país más justo, democrático. Ojalá que el parto ocurra en la mejor oportunidad. Ojalá que Hefesto tenga un hacha generosa. Ojalá que no sea un parto doloroso.
Javier Mendoza
blogdejaviermendoza@gmail.com
Bibliografía
Montemayor, Carlos Chiapas la rebelión indígena de México
México: Joaquín Mortiz, 1997
Aguilar Camín, Héctor Subversiones silenciosas
México: Aguilar, 1993
Agustín, José, Tragicomedia mexicana 2
México: Planeta, 1992
1Aguilar Camín, Héctor. Subversiones silenciosas. Página 114.
2En Monterrey, Nuevo León, hace más de 37 años, un pequeño grupo de personas nacieron lo que llamaron Fuerzas de Liberación Nacional. Desde su origen la dotaron de una ética de lucha que después heredaríamos quienes somos parte del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. http://enlacezapatista.ezln.org.mx/la-otra-campana/579
3 Montemayor, Carlos Chiapas la rebelión indígena de México. Página 91.
4 Incorrectamente algunos libros la llaman Denisse, su nombre era Dení.
5 Una corbata negra es una prenda de luto.
6 Agustín, José Tragicomedia Mexicana 2 página 76
7 Agustín, José Tragicomedia Mexicana 2 página 94.
8 Tello Díaz, Carlos La rebelión de las Cañadas página 98.
9 Cabe aclarar que no toda la delincuencia es imputable al hambre.
10 Es bien sabido que el 18 de noviembre de 1910 se descubrió la organización de una rebelión en Puebla, pero qué acontecimiento ocurrido el 20 de noviembre marcó el inició de la revolución es algo que no aparece cuando menos en los libros de texto.
11 La frase atribuida a Hank González es: un político pobre es un pobre político.
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